¿Quién fue el Maestro Mateo?
El escultor y arquitecto que firmó el Pórtico de la Gloria en 1188 da nombre a nuestra asociación. Esto es lo que sabemos de él y lo que sigue siendo un misterio.
En la entrada de la catedral de Santiago hay un nombre grabado en piedra. En el dintel del Pórtico de la Gloria, una inscripción latina cuenta que el 1 de abril de 1188 el maestro Mateo colocó los dinteles de las puertas principales de la iglesia de Santiago, y que había sido él quien había dirigido la obra de aquellos pórticos «desde sus cimientos». Pocos artistas de la Edad Media dejaron su firma en una obra. Este es también el origen del nombre de nuestra asociación.
Un hombre del que sabemos poco
Del Maestro Mateo conocemos sobre todo la obra. No sabemos dónde nació, ni dónde aprendió el oficio, ni cuándo murió. El primer documento seguro es de 1168: el 23 de febrero de ese año, el rey Fernando II de León le concedió una pensión vitalicia de dos marcos de plata a la semana para que pudiera dedicarse a la obra de la catedral. Un privilegio así solo se concedía a un maestro de prestigio reconocido.
Desde entonces, la documentación permite seguir su trabajo en Compostela durante décadas, hasta la consagración de la catedral en 1211. Su nombre aún aparece en documentos de comienzos del siglo XIII. Después, se pierde su rastro.
El Pórtico de la Gloria
El encargo de Mateo era terminar la catedral por el oeste, donde el terreno baja en pendiente. Para salvar el desnivel construyó primero una cripta, la llamada Catedral Vieja, y sobre ella levantó el pórtico y la tribuna. También diseñó el coro de piedra de los canónigos, que ocupaba buena parte de la nave central. Fue desmontado a principios del siglo XVII, y algunas de sus piezas pueden verse hoy en el Museo de la Catedral.
El Pórtico tiene tres arcos, uno por cada nave de la iglesia. En el central, Cristo en majestad muestra las llagas de la Pasión, rodeado de los cuatro evangelistas y de ángeles que llevan los instrumentos del martirio. En la columna central, el parteluz, Santiago recibe sentado a los peregrinos, sobre un árbol de Jesé que narra la genealogía de Cristo. En las columnas laterales están los apóstoles y los profetas. Entre ellos, Daniel sonríe: es una de las figuras más queridas de la escultura románica. Los arcos laterales representan el Antiguo Testamento y el Juicio Final.
En su origen, el Pórtico era la fachada exterior de la catedral y estaba policromado. En el siglo XVIII quedó detrás de la fachada barroca del Obradoiro, que lo protegió de la intemperie y lo convirtió en un vestíbulo.
Los músicos de piedra
En el arco central se sientan los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Cada uno lleva un instrumento musical y muchos parecen conversar entre ellos mientras lo afinan. Hay fídulas, arpas, salterios y laúdes, y en el centro un organistrum, una especie de zanfona grande que tocan dos ancianos a la vez.
Los instrumentos están esculpidos con tanto detalle que son una de las fuentes más importantes para conocer la música medieval. Investigadores y lutieres los han usado como modelo para reconstruir instrumentos que ya no existían. Para una asociación que tiene la música en el centro de su trabajo, este coro de piedra es una referencia constante.
El Santo dos Croques
Detrás del parteluz, de cara al altar, hay una pequeña figura arrodillada. La tradición dice que es un autorretrato del Maestro Mateo. Durante generaciones, los estudiantes se daban cabezazos contra ella («croques») con la esperanza de que se les contagiara algo de su talento. Los historiadores discuten si la figura representa de verdad al maestro, pero la tradición se ha mantenido.
También era costumbre apoyar la mano en el árbol de Jesé del parteluz. Tras siglos de peregrinos, los dedos habían dejado un hueco en la piedra. Hoy ambas figuras están protegidas y ya no se pueden tocar.
La restauración
Entre 2008 y 2018 el Pórtico se restauró en profundidad. Los trabajos limpiaron siglos de suciedad y humedad y recuperaron parte de la policromía original, que permite imaginar cómo lo vieron los primeros peregrinos: un pórtico de colores, mucho más vivo de lo que pensábamos.
Por qué su nombre
El Maestro Mateo dirigió un taller donde trabajaban juntos canteros, escultores, pintores y maestros de obra. Su obra une arquitectura, escultura y música, y lleva más de ocho siglos recibiendo a gente de todo el mundo. Para una asociación que trabaja con el patrimonio, la música y la edición, es un buen modelo.
Se puede leer más sobre él en su ficha del Compendio de la cultura gallega, y sobre la catedral en la Ruta del patrimonio sacro.

